Cómo editar un libro

Ultimamente ha habido mucha gente que me pregunta cómo puede hacerle para escribir un libro. Vale, cuando digo “mucha gente” quiero decir tres o cuatro, pero sigue siendo mucha comparado con los que me preguntaban antes de publicar, que era nadie.

El problema es que yo no sé qué decir. No es que crea que la escritura se te dá o no se te dá, pero si no tienes ya una idea o una historia a la que le puedas aplicar la teoría, ¿de qué te va a servir oír de narradores omniscientes  o campos semánticos? Incluso cuando ya sabes de qué vas a escribir, puede que la técnica no te sirva de mucho.

A los que me preguntan cómo escribir, les doy las únicas respuestas que se me ocurren… primero que nada, lee. Lee mucho, mucho más de lo que escribes. Lee el género que quieres escribir y después lee de muchas otras cosas. Esa es la única manera que conozco para escribir. Pero aún más importante, persevera.

Escribir no es sólo creatividad. La Musa baja muy de vez en cuando, y no es tan buena onda como te la pintan. De hecho, la Musa se suele emocionar con las ideas más idiotas, y uno tiene que controlarla y pulir todo. ¿Piensas que escribir la parte creativa es difícil? ¡Espérate a la edición!

Y de eso venía a hablar hoy. El proceso de edición.

Érase una vez una joven que soñaba con publicar. Escribió su libro, que le quedó enorme, y se lo llevó a un editor para que lo viera.

El editor le sonrió con sabiduría y le dijo, – Bueno, hay que reescribirlo todo.

¡¿QUE QUÉ?!

Y la joven se dio a editar el manuscrito entero…

Obsérvense los muchos, muchos post-its

La primera versión. 335 páginas de Word.

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Recomendación: El Increíble Castillo Vagabundo

Y continuamos con los libros que el Estudio Ghibli arruinó adaptó de maneras chuscas. Pero insistiré al menos en que las mejores películas de ese estudio son las

Una portada

Una portada viejita

que escriben ellos mismos.

Pobre Howl’s Moving Castle. Pocos libros he conocido con nombres tan traducidos y re-traducidos de tantas maneras. En España le pusieron “El castillo ambulante,” que para mi gusto se lleva el premio a los malos títulos. Disculpen, pero no me gusta el verbo “ambulante,” me hace pensar en caminar porInsurgentes y no poder pasar entre tantos puestos.

En México, donde no lo conoceríamos sin la película, se le puede encontrar ya con el título de la película (“El Increíble Castillo Vagabundo”) o “El castillo errante de Howl”. Esa es una traducción muy acertada, creo, pero también debo reconocer que adoro la palabra “errante”, porque me remite a los caballeros errantes que siempre son buenos.

Primero, la anécdota.

Leí este libro hace unos cinco años. Yo estaba viviendo en Japón en ese entonces, y cada día mientras caminaba por el metro veía unos carteles escritos conuna fuente tan extraña que, a pesar de estar estudiando japonés, yo no podía descifrar. Junto a ellos había el dibujo de una viejita con un perro y, en fuente normal, una frase que decía “Vivieron los dos.”

Poster japonés

El poster en cuestión. ¿Cómo leer eso?

Vaya. Bien por ellos, fue lo único que pensé. Estaba en eso cuando mamá-japonesa me dijo que era la última película de Ghibli, y que se le hacía curioso que aún estuviera en cartelera porque se había estrenado hacía más de dos meses. Por mi parte, me pareció que no podía dejar Japón sin verla. En ese entonces me consideraba una otakui (el significado es tarea) y como tal no podía dejar pasar la oportunidad de ver una película de Estudio Ghibli en el cine.

Yo vivía en Hatogaya-shi, al norte de Tokyo. El único cine que aún la daba quedaba en Chiba-shi, al sur de Tokyo. Así que me un miércoles me subí al tren y cruzé todo Tokyo para ir a ver Hauru no Ugoku-Shiro. Los miercoles, por cierto, también es día barato en los cines de Japón. Aún así son carísimos.

La sala estaba llena de viejitos que me miraban feo por comer bombones. No recuerdo si había cortos, pero asumo que sí.

No entendí nada, sobra decirlo.

Pero cómo me gustó.

Unos días después andaba con una amiga colombiana cazando libros para repasar kanji y entramos en una librería que presumía tener material en inglés. Nadie hablaba el idioma (como en todo Japón) pero tenían una copia de Howl’s Moving Castle, misma de la que me aferré para leer. ¿Qué les puedo decir? Es un libro maravilloso, sencillo, se lee como el agua en una misma tarde.

La escritora, Diane Wynne Jones, es maravillosa. Exude libertad. Cada vez que la leo, deseo poder escribir como ella. Tomando en cuenta de que fue alumna de Tolkien, también me gustaría ser ella, pero eso es para otro día.

¿De qué se trata?

En la tierra de Ingaria, donde los cuentos de hadas son más bien reales, hay una chica llamada Sophie. Es la mayor de tres hermanastras, y eso la convence de que su vida va a ser, sin duda alguna, un fracaso: así pasa en los cuentos de hadas. También se considera fea, porque las hermanastras siempre son feas. Así que se dedica a hacer sombreros, profesión suficientemente aburrida para una hermanastra mayor.

Desafortunadamente, los sombreros que hace Sophie tienden a cambiar la vida de los que los usan, y eso no le agrada a la Bruja del Páramo, que no quiere otra hechicera en su territorio (aún si es accidental como Sophie). Así que para eliminar la competencia, visita un día a Sophie y la transforma en una vieja cascarrabiasde unos setenta u ochenta años. Sophie tiene que huir de su casa y busca hospedaje con el mago Howl, de quien se dice que devora corazones de mujeres jóvenes.

"Song", de John Donne.

Mi maestra de Historia Literaria V me pegaría, pero ¿cómo no se va a confundir esto con un hechizo?

¿A qué lleva esto?

A citar a John Donne, primero que nada. Y a Hamlet.

Bueno, primero que nada la lleva a darse cuenta de que eso de “devorar corazones” es en realidad una metáfora: Howl es un guapo chico de veintidos, incapaz de sentar cabeza, que anda por la vida dándole serenatas a cada muchacha que se le cruza en el camino. Sophie, convencida no sólo de que tiene setenta años sino de que es fea, se siente segura de que Howl no se va a interesar en ella.

Mientras tanto, descubre que la magia de Howl nace de un demonio llamado Calcifer que, por el momento, Howl tiene amarrado a la estufa y lo usa para cocinar. Como ser mágico, Calcifer se da cuenta de que Sophie trae encima una maldición y promete liberarla de ella si primero ella lo ayuda a él a escapar del hechizo que lo mantiene atado a Howl.

En el camino hay malentendidos de todo tipo, hermanas que cambian de lugar, hechizos y, principalmente, berrinches por tinte de cabello. Este es un libro divertido antes que cualquier otra cosa: no busca ser profundo ni hablar de temas espinosos, pero logra crear una empatía perfecta con los personajes.

Y tiene lo que para mí es la dosis perfecta de romance: un poco más de un poco. Sophie está convencida de que es vieja y por lo tanto ya no está en edad de esas cosas, y Howl es, literalmente, un hombre sin corazón.

El problema…

…es precisamente lo ligero que es. Sé que no todos disfrutan de eso. No, en este libro no hay mucha angustia por un amor no correspondido, no hay intensos debates acerca del ser y el deber, ni batallas épicas de magia y espada. No hay nadie destinado a matar a nadie, ni hay sacrificios en el nombre de nada.

En términos de fiestas, es un libro que prefiere salir con un par de amigos a platicar, y morirse de la risa mientras cuentan acécdotas de otros tiempos. Es un libro que antes de tener un personaje martir y sufrido prefiere a uno personaje principal tan borracho que cita a Hamlet sin querer, no encuentra las escaleras, y que chilla como niña de secundaria cuando sin querer se pinta el pelo de rosa.

De la película, claramente

Bueno, ¿qué mujer no amaría a un hombre al que le salen plumas y moco?

Pero citan a Donne, muy seguido. A veces lo confunden con hechizos. ¿Quién no lo haría, pa’lo complicado que es ese hombre?

Otro problema nace precisamente de la adaptación que hizo Miyazaki. El problema es que, para ser adaptación, no tiene nada que ver con el libro original. Comparte el nombre y posiblemente la edad de Howl y Sophie, todo lo demás cambia. Michael, el ayudante adolescente de Howl en el libro, se transforma en Markl, un niñito. La bruja del Páramo deja de ser una joven seductora para ser una viejilla rara que da lecciones de la vida y fuma habanos. Y la profesora de Howl, sin que yo entienda por qué demonios, se convierte en la mala de la película.

No, no entiendo a Miyazaki. ¿Para qué adaptar a un libro que vas a cambiar completamente? Ahí donde el libro de Jones es ligero y divertido, la película de Miyazaki es solemne y trata de enseñar a todos que la guerra es mala. Nunca queda claro qué guerra se pelea, contra quién o por qué, pero no le importa a nadie. En fin, no puedo decir que no me guste la película: es realmente bonita, dramática, con excelente animación y música divina. ¿Y las escenas en que se mudan de casa? Uf, qué bien hechas. Y cuando ella viaja al pasado, qué música. Esperen, tengo que mostrarlo:

星を飲んだ少年, el joven que bebió una estrella.

Pero con todo lo que me encanta al película, no se debe leer el libro con ella en mente.

Edición reciente

¿Vale la pena?

Sí, oh sí. Es corto, es delicioso y se puede leer de una patada. El final es abrupto, sí, y un poquito confuso, pero nada complicado. Se lo recomiendo a todo el que guste leer fantasía o literatura juvenil, o todos los que busquen un regalo. Si sólo han visto la película, lean el libro para tener una visión diferente. Tal vez no va a ser un libro que marque a nadie de por vida (o tal vez sí, ya que a mí me marcó bastante) pero es un buen libro, entretenido y misterioso. Todo lo escrito por Diane Wynne Jones resulta así: ligero, divertido, intercomunicado.

Por el momento estoy segura que este libro ya se puede encontrar en español, así que ¿qué esperan?

O les presto mi copia japonesa-en-inglés. Ha pasado a tantas manos ya, en mi afán de obligar a todo mundo a leerlo…

“El Mural”

Hace poco tuve la oportunidad de viajar a Mérida, a visitar algunos familiares. Fueron buenos días de calor sofocante y mucha lluvia, así como de deliciosa comida yucateca (y campechana, por los mariscos).

Y precisamente en el restaurante más tradicional de Mérida, “Los almendros”, encontré un mural que no puedo dejar de compartir aquí. En una palabra, es rarísimo. En más palabras, es la deconstrucción perfecta de la cultura pop que vivimos ahora, más cargada hacia los años noventa pero terriblemente reconocible aún ahora.

Pero nada que pueda decir sirve para explicarlo, así que aquí les van las fotos! Perdonen la mala calidad, pero sólo llevaba el teléfono en ese momento.

El Título

El título de la obra: "El Mural"

1a sección

Aquí podemos apreciar a Dalí, Jackie Kennedy, Lady Di y Frida Kahlo. A su lado está Gandhi comiendo un algodón de azucar, que es lo que yo haría si estuviera en una feria de pueblo, claro!

2da sección

Continuamos con Gorbachov  abrazándose con Diego Rivera.  A sus pies está Agustín Lara (supongo) triste por quién sabe qué razón (tal vez quería abrazar a Gorbachov también), y al lado está Pedro Negrete recién casado con la Catrina. Fíjense al ladito y podrán apreciar que los casó Juan Pablo II, por cierto.

3ra sección

Aquí la cosa se pone buena. Tenemos a Elvis tocando la guitarra junto con un sujeto que no reconozco. Michael Jackson le acaba de pegar a la guitarra y está extasiado de gusto, y ese sentimiento se lo comunica a Pavarotti, que se pone a cantar de alegría… mientra que Manzanero le sonríe a la cámara.

Cuatra y última

Y en esta última sección tenemos a Fidel Castro entrevistándose con Sharon Stone en su vestidito de Bajos Instintos, con Cantinflas de metiche al ladito. De los de atrás sólo alcanzo a reconocer a Einstein, pero me encantaría saber con quien anda de novio.

Los cuentos de Terramar de acuerdo a Ghibli

Me acabo de enterar de que finalmente saldrá a  los cines de lugares-que-no-son-Japón la película Gedo Senki, traducido como Las crónicas de Ged, película del afamado Estudio Ghibli basada en las famósas Crónicas de Terramar de Ursula K. Le Guin.

La noticia me sorprendió un poco, porque Gedo Senki salió en 2006 en Japón. ¿Por qué esperar tanto para traerla? No es como si Gibli tuviera que probar que vale la pena el riesgo, no después del éxito de El viaje de Chihiro, Princesa Mononoke, Howl’s Moving Castle y la más reciente Ponyo. Awww, Ponyo! Tan linda!

¿No es preciosa?

Eso sí: el nivel de producción no disminuye, y el arte sigue igual de bello.

Tal vez el problema es que Gedo Senki no fue particularmente bien recibida en Japón. Tampoco fue particularmente mal recibida, pero seamos sinceros: para una película del Estudio Ghibli lo normal es que todo mundo la adore, punto final. Y esto no sucedió con esta adaptación de Los cuentos de Terramar.

La culpa se la echan generalmente al joven Goro Miyazaki, hijo de Hayao Miyazaki. Que no estaba listo para dirigir por cuenta propia. Yo no creo que la capacidad de dirigir tenga que ver con la edad, pero tal vez el mayor problema es que todos esperaban que el hijo fuera igual que el padre, y no sucedió.

En este caso esos es tan bueno como malo. Los cuentos de Terramar no tiene en encanto de las películas de Miyazaki: no hay pequeños animales curiosos y que te hagan desear que haya una versión de plusie para comprarla al salir, tampoco tiene mayor enseñanza de tipo ecológica ni anti-guerra. Sin embargo, posee un ritmo más constante y no sufre del final Miyazaki, también conocido como “ay Dios, llevamos dos horas de película y esto no se acaba. Rápido, final feliz para todos!”

Los cuatro primeros libros

Las cuantro primeras novelas, reunidas en un tomo

Pero el mayor defecto es, sin duda, la mescolanza que hacen de la hermosísima tetralogía de Ursula le Guin – si no la han leído, corran y háganlo ahora. Junto con El Señor de los Anillos y la trilogía de Sus Oscuros Materiales es probablemente una de las series de fantasía que realmente valen la pena.

Pero quien quiera que haya actuado de guionista no supo ver eso. Mezcló personajes de El mago de Terramar, La costa más lejana y Tehanu. ¿Por qué, por qué? Todas las cuestiones que toca Le Guin acerca de la identidad humana, de la construcción de la misma en torno a un nombre, de la conexión del nombre con el Ser, desaparecen por completo. Y obviamente no queda ni gota del increíble feminismo de Tehanu. En vez de eso, el personaje del tercer libro, Arren toma el papel principal (en vez de Ged, que da título a la película) y se convierte en una especie de Cuchulain, con ataques de ira que a la vez recuerdan a la sombra de Ged en el primer libro…

Pero eso es lo que sucede cuando el Estudio Ghibli adapta un libro. Miren nomás lo que sucedió con Howl’s Moving Castle! De una aventura de lo más tranquila, llena de magia, galletas de miel, alusiones a John Donne y borracheras, sacaron una historia confusa como ella sola, románticosa y anti-guerra pus porque así dijo el patrón.

Cuídense, oh escritores. Estudio Gibli no sabe adaptar.

Sin embargo, la película tiene algo maravilloso: pocas animaciones capturan tan bien la sensación de melancolía y depresión como lo hace Gedo Senki. Sus personajes están dispuestos a aceptar la muerte en cualquier momento, constantemente dan la impresión de que no tienen por qué luchar más. Y se sienten solos, completamente solos. Y eso es capturado en el viento que sopla sobre enormes campos de verde, o en el silencio alrededor de una fuente.

Y finalmente, en la música. Si se niegan a ver Las crónicas de Terramar porque no está apegada al libro, háganse un favor y véanla por la música. Es bellísima, una combinación de instrumentos clásicos y gaitas, todo con un deje de melancolía y de aventura.

Esta película no es una película de Hayao Miyazaki. Es de Goro Miyazaki, para bien o para mal. Pero no es una mala película, sólo un poco más estandar de lo que el Estudio Ghibli nos tiene acostumbrados. Sale en cines, al menos en Estados Unidos, el 13 de agosto de este año 2010. Si llega a salir aquí, les recomiendo verla. Y repito: si no han leído la tetralogía de Terramar, háganlo. No es difícil de conseguir en español, y vale muchísimo la pena.

Los dejo con la canción de Therru, que aparece en la película y que a mí me puede encantar. La letra, que está ahí abajito, encarna bastante bien el sentimiento de la película:

Letras y traducción:
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Feminismo, desconfianza y libertad

Abriré esta pieza de la misma forma en que debería de haber abierto otra: me considero feminista, con todo y las miradas raras que me ha ganado decirlo.

Rosie teh Riveter

Si no conoces esta imagen, ¿debajo de qué piedra has vivido?

Creo que muchos hoy en día piensan que el feminismo en como un equivalente al machismo; un declararse superior al otro en base al sexo. Otros piensan que es un movimiento passé, que ya no tiene sentido porque las mujeres ya tenemos igualdad.

A los primeros les diría que hay muchos tipos de feminismo, pero que en general se trata de un movimiento pro igualdad, no de “superar” o dejar atrás al otro.

A los segundos les diría que no, no tenemos igualdad absoluta. Podemos votar: ese es posiblemente el único derecho que se nos reconoce plenamente. Y la situación sin duda ha mejorado desde que empezó la lucha. Pero cuando uno lee que, en Estados Unidos, la mujer gana en promedio .78 centavos por cada dolar que gana un hombre, no puede caber duda que aún falta un poco.

(Y eso es en Estados Unidos: ¿qué se podrá decir de países menos desarrollados?)

El feminismo de segunda ola es el encargado de asuntos de igualdad laboral y en la familia, de esos molestos problemas  de desigualdad de facto, que no se mencionan pero existen sin que muchas se den cuenta de que los viven. Por eso mismo, y sin importar lo que diga la Wikipedia, sigue vivo y presente hoy en día, y no se le puede dejar descansar.

Pero hoy quiero concentrarme en un problema que corresponde a la tercera ola, un problema que la segunda ola no sólo no puede resolver sino que lo haría peor: el problema de la cultura, y para ser más exactos, la cultura en Medio Oriente.

Burka

La pregunta: ¿identidad cultural o represión?

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Las canciones más “crueles” de Los Beatles

Me encantan los Beatles: para nadie debería de ser sorpresa.

(si te cayó de sorpresa, necesitamos desayunar un día. Tu pagas.)

Conozco toda su discografía, me sé muchas canciones de memoria y entre mi papá y yo competimos para recordar exactamente en qué disco viene qué canción y cuál le sigue. Él gana porque tiene como 30 años más de escuchar a los Beatles, pero yo me acerco.

Pero conforme los oí más y más (versiones remasterizadas FTW), empezé a darme cuenta de que en medio de la tradicional melcocha cincuenta-sesentera, había temas algo… extraños en sus canciones. Digamos, temas que a pocos les gustan y no particularmente por los que Los Beatles se volvieron famosos.

En este post quiero hablar de tres canciones en particular: Run For Your Life del album Rubber Soul, No Reply de Beatles for Sale y Getting Better de Sargent Pepper’s Lonely Hearts Club Band.

Estas tres canciones, separadas por años y por discos, tienen un tema en particular: si me las cantan a mí, me muero de miedo. Getting Better tal vez no tanto, pues después de todo habla de que las cosas van mejor, pero aún así…

De alguna manera, las tres canciones hablan de un tema abudante pero desconocido en las canciones de amor: relaciones dependientes, abusivas en algunos casos, enfermizas.

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Presentación de “Los doce sellos” en La Raza

¡Hola a todos! Y aquí de nuevo con lo que se está volviendo el post semanal. Cada semana pienso “Ahora sí voy a postear algo más,” pero cada semana se me va como agua y no pongo nada.

En fin.

Como ustedes saben (o como se acaban de enterar al leer el título), hace unas semanas presenté “Los doce sellos” al público de la estación de metro La Raza. Aunque yo estaba hecha un manojo de nervios, tengo que decir que todo salió no bien sino increíble. Hubo mucha gente, muchos libros regalados, y lo mejor de todo es que tengo un libro gigante.

Los doce sellos, XL.

Los doce sellos, XL. (o en folio completo)

Bueno, tal vez eso no sea lo mejor. Pero es increíble de cualquier manera y eso no me lo quita nadie. Tan no me lo quita nadie que me lo traje a mi casa y lo tengo junto al buró.

Para volver al tema original, me temo que en esta ocasión no les puedo poner el texto que leí porque (de nuevo) estaba tan nerviosa que se me olvidó leer lo que había escrito, y en vez de eso hablé y hablé. ¡Y fui coherente, a pesar de eso! Lo sé, lo sé. ¿Quién diría que uno de estos días iba a ser coherente al hablar sin apoyo?

Culpo a las musas. Estoy segura que Clio entró en mí para dar ese discurso… o Thalía, dadas mis babosadas. Bueno, pero basta de chistes de mitología griega. Tengo fotos que mostrarles, después de todo.

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