La manera en que oí por primera vez de la trología de “La materia oscura” de Phillip Pullman no fue la mejor.

Lo recuerdo perfecto: fue en el primer coloquio de literatura moderna en la UNAM. Yo participé con una ponencia relacionada a la serie de “Mundo Disco” de Terry Pratchett, acerca de la muerte de la deidad. Muy Nietzscheana, y los que hayan leído “Los doce sellos” se darán cuenta que no, no me canso de hablar de dioses muertos.

El caso viene a que el que expuso después de mí trató “La materia oscura.” Y tristemente no fue una ponencia muy buena… no puedo decir si la mía sí fue buena, pero al menos fue muy corta y entonces no aburrí demasiado a la gente. El problema de esta segunda ponencia fue precisamente que resultó demasiado larga: a los quince minutos de hablar, miré las hojas del ponente y me dí cuenta que todavía le faltaban cinco por leer. Al poco rato ya no entendía yo nada: ¿qué de osos que se ponen qué? ¿Niños con qué demonios, literalmente?

Tal vez por eso me negué por tanto tanto tiempo a leer estos libros.

Craso error.

Los tres libros de “La materia obscura” son un ejemplo perfecto de por qué la “literatura infantil” debe de ser tomada en serio. Son bellísimos, escritos de manera brillante, retoman tanto poetas como temas clásicos y son los únicos libros con los huevos para hablar de sexualidad.

¿Cómo empezar la recomendación? Podría ponerme poética, tanto me gustan.

Por lo mismo les dedicaré tres entregas, una por libro… porque si escribiera de los tres al mismo tiempo jamás terminaría. Empecemos, pues, por “The Golden Compass” (“La brújula dorada” en español).

Empecemos por esto: en un inicio, la trilogía de Pullman puede parecer de fantasía baja, esto es, que acontece todo en nuestro mundo o en uno muy semejante. Esto no es así, pero eso será explicado en las otras entregas.

Lo más diferente entre el mundo que creó Pullman y el nuestro es que todos y cada uno de nosotros está acompañado por un daimon, término griego mal traducido a “demonio” pero que se refiere a un espíritu acompañante. Para Philip Pullman este daimon es en realidad parte de nuestra alma, la mitad que nos completa: en el caso de las mujeres, pues, nuestro daimon será macho, para los hombres es hembra, siempre toma forma de un animal que representa a la persona. En el caso de los niños el daimon cambia de forma constantemente para demostrar lo volubles que son los niños, cuando crecen el daimon se asenta en una forma que demuestre el caracter del adulto.

Este mundo, ligeramente atorado en el siglo diecinueve, también está habitado por brujas y gitanos, y el mayor interés del momento es investigar el Polo Norte…

¿De qué se trata?

¿A que no está linda la imagen?

Portada del primer libro. Divina, ¿no?

“The Golden Compass” narra la historia de Lyra, una huérfana absolutamente salvaje, que vive adoptada en el colegio de Oxford. Cuando digo que es salvaje, por cierto, no quiero decir que sea malencarada o grosera (como aparece en la película), tampoco marimacha o abusiva, sino verdaderamente salvaje. Salvaje para resistir mugre y sangre, para resistir un viaje a través de todo el mundo y para comerse alegremente un riñón de ballena recién muerta. ¡Yum!

Lyra, que va por la vida metiéndose en donde no debe con su daimon Pantalaimon, termina espiándo una conferencia secreta acerca de unas partículas llamadas simplemente “Polvo”, que son lo que causan que los daimon dejen de cambiar de forma.

Eso lleva a que reciba la brújula dorada, o aletiómetro (del griego verdad), un aparato que permite al usuario encontrar la respuesta a cualquier pregunta formulada. Normalmente se necesita de literalmente toda una vida para poder usarlo a medias, pero a Lyra se le dá de forma natural.

Encima de todo, hay una profecía que marca a Lyra como la niña “que traerá el fin del destino,” lo que causa que diferentes bandos se la peleen (sin decirle por qué), principalmente dos: los que la exhortan a elegir lo que ella considere propio a sí mismo y los que la quieren hacer una Señorita.

Ese segundo bando está representado por la muy interesante Miss Coulter, que si bien nos queda claro que es Mala (trabaja para los “Gobblers,” un grupo que secuestra niños para experimentación humana) no podemos odiarla en realidad. Tiene demasiada clase, demasiada elegancia, hace lo que quiere con los políticos más poderosos del momento. Pero quiere hacer de Lyra una Señorita bien portada y propia. Esto está relacionado, claro, a que también está relacionada con una iglesia católica muy ruda y diferente; el Magisterio.

Eso es un esbozo básico, muy muy básico de la trama del primer libro. Me quedo corta, pero no quiero decir de más.

¿A qué lleva esto?

A algo muy complicado, pero increíble.

Pullman tiene una hipótesis en específico que trabaja durante los tres libros, pero que sólo resuleve en el tercero: El amor es lo que nos salva. Sólo el amor, y el amor incluye el romance, incluye la lujuria y el sexo.

Pero el mundo de Pullman, al igual que el nuestro, lo ha olvidado. El Magisterio, una especie de Inquisición, está tan obsesionado con eliminar toda heresía, y todo aquello que nos puede separar de Dios. Por lo mismo, intentan separar a los niños de sus daimons – literalmente cortarles el alma en dos con la esperanza de que así, aún si el cuerpo crece, nunca se desarrolle y nos mantengamos siempre “inocentes” como niños.

Pero Lyra, en su inocente infancia, es mentirosa, salvaje, tramposa y hasta agresiva. Lo que no significa que sea “mala” o incapaz de sentimientos más “suaves.” Gran parte de la historia gira en torno al deseo de Lyra de rescatar a Roger, su mejor amigo en los patios de Oxford, de los Gobblers. No sólo eso, sino que la joven desarrolla también una relación de respeto y afecto mútuo con Iorek Byrnison, el líder caído de los osos polares. Pero aún así resulta un contraste que la representante máxima de la niñez en este libro no es exactamente lo que la iglesia desearía.

A todo esto hay que agregarle que de una u otra manera, Philip Pullman está re-trabajando Paradise Lost (Paraíso perdido) de Milton. El título mismo de la trilogía, “La materia obscura” está relacionado a una línea del primer volumen del poema, si mal no recuerdo…

Ya revisé, es el volumen dos:

“Unless th’ Almighty Maker them ordain
His dark materials to create more Worlds”

(“A menos que el Supremo Creador ordene

Sus oscuros materiales para crear más mundos”)

Por lo mismo, el lector que deseara hacer una lectura más profunda tendría que tener conocimiento no sólo del poemota de Milton sino de todos los temas que trabaja en él… ambición contrapuesto a codicia, el amor como algo divino contrapuesto contra el amor carnal, el pecado original.

Dicen las lenguas que está mal traducido

Portada para la edición en español: nótese la originalidad de poner una escena de la película y ya.

El problema...

…es que, por lo que me cuentan, la traducción al español es realmente mala. No puedo dar una opinión propia: leí toda la trilogía en inglés, primero porque me gusta leer todo lo que puedo en el original, y segundo porque las ediciones que encontré estaban re-lindas.

Pero es triste saber que un libro tan, tan maravilloso, tenga una mala traducción. Habrá que exigir una nueva, pero ahora que ya no van a sacar películas, veo difícil que alguien se interese en pagar una traducción.

Hace dos años diría que yo la hago de a gratis por amor al arte, pero ya no. Empiezo a requerir de dinero propio =P

Por lo demás no hay ningún problema. Es un libro perfecto. El final (que obviamente no voy a contar aquí) puede ser un poco “fuerte” para los lectores más jóvenes. Es inesperado, es maravillosamente cruel… y demuestra una vez más lo ruda que puede se Lyra. Pero como mencioné en mi reseña de “Princess Bride,” creo firmemente que los niños no son los blandengues que Disney desearía que fueran. Sí, en este libro hay temas fuertes: no cabe duda. Pero son temas que los niños mismos van a enfrentar tarde o temprano, ¿por qué no introducirlos a través de un libro tan hermoso como es este?

Por lo demás puede haber la sensación de que empieza un poco lento, pero la prosa en sí es siempre ligera y digerible, puedes pasar página tras página leyendo sin ningún problema..

¿Vale la pena?

Sí, vale mucho la pena. Mucho. Léelo, ya, ahorita, ¿por qué sigues leyendo esto? Lee La brújula dorada. No encuentro razón para no hacerlo: está bien escrito, cargado de controversia, con personajes atrayentes. La traducción no puede ser tan mala como para no leerlo por eso, y el libro en sí vaale mucho mucho la pena.

Recomendadísimo para todos los que no le hayan dado una oportunidad.

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