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Cómo editar un libro

Ultimamente ha habido mucha gente que me pregunta cómo puede hacerle para escribir un libro. Vale, cuando digo “mucha gente” quiero decir tres o cuatro, pero sigue siendo mucha comparado con los que me preguntaban antes de publicar, que era nadie.

El problema es que yo no sé qué decir. No es que crea que la escritura se te dá o no se te dá, pero si no tienes ya una idea o una historia a la que le puedas aplicar la teoría, ¿de qué te va a servir oír de narradores omniscientes  o campos semánticos? Incluso cuando ya sabes de qué vas a escribir, puede que la técnica no te sirva de mucho.

A los que me preguntan cómo escribir, les doy las únicas respuestas que se me ocurren… primero que nada, lee. Lee mucho, mucho más de lo que escribes. Lee el género que quieres escribir y después lee de muchas otras cosas. Esa es la única manera que conozco para escribir. Pero aún más importante, persevera.

Escribir no es sólo creatividad. La Musa baja muy de vez en cuando, y no es tan buena onda como te la pintan. De hecho, la Musa se suele emocionar con las ideas más idiotas, y uno tiene que controlarla y pulir todo. ¿Piensas que escribir la parte creativa es difícil? ¡Espérate a la edición!

Y de eso venía a hablar hoy. El proceso de edición.

Érase una vez una joven que soñaba con publicar. Escribió su libro, que le quedó enorme, y se lo llevó a un editor para que lo viera.

El editor le sonrió con sabiduría y le dijo, – Bueno, hay que reescribirlo todo.

¡¿QUE QUÉ?!

Y la joven se dio a editar el manuscrito entero…

Obsérvense los muchos, muchos post-its

La primera versión. 335 páginas de Word.

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Recomendación: El Increíble Castillo Vagabundo

Y continuamos con los libros que el Estudio Ghibli arruinó adaptó de maneras chuscas. Pero insistiré al menos en que las mejores películas de ese estudio son las

Una portada

Una portada viejita

que escriben ellos mismos.

Pobre Howl’s Moving Castle. Pocos libros he conocido con nombres tan traducidos y re-traducidos de tantas maneras. En España le pusieron “El castillo ambulante,” que para mi gusto se lleva el premio a los malos títulos. Disculpen, pero no me gusta el verbo “ambulante,” me hace pensar en caminar porInsurgentes y no poder pasar entre tantos puestos.

En México, donde no lo conoceríamos sin la película, se le puede encontrar ya con el título de la película (“El Increíble Castillo Vagabundo”) o “El castillo errante de Howl”. Esa es una traducción muy acertada, creo, pero también debo reconocer que adoro la palabra “errante”, porque me remite a los caballeros errantes que siempre son buenos.

Primero, la anécdota.

Leí este libro hace unos cinco años. Yo estaba viviendo en Japón en ese entonces, y cada día mientras caminaba por el metro veía unos carteles escritos conuna fuente tan extraña que, a pesar de estar estudiando japonés, yo no podía descifrar. Junto a ellos había el dibujo de una viejita con un perro y, en fuente normal, una frase que decía “Vivieron los dos.”

Poster japonés

El poster en cuestión. ¿Cómo leer eso?

Vaya. Bien por ellos, fue lo único que pensé. Estaba en eso cuando mamá-japonesa me dijo que era la última película de Ghibli, y que se le hacía curioso que aún estuviera en cartelera porque se había estrenado hacía más de dos meses. Por mi parte, me pareció que no podía dejar Japón sin verla. En ese entonces me consideraba una otakui (el significado es tarea) y como tal no podía dejar pasar la oportunidad de ver una película de Estudio Ghibli en el cine.

Yo vivía en Hatogaya-shi, al norte de Tokyo. El único cine que aún la daba quedaba en Chiba-shi, al sur de Tokyo. Así que me un miércoles me subí al tren y cruzé todo Tokyo para ir a ver Hauru no Ugoku-Shiro. Los miercoles, por cierto, también es día barato en los cines de Japón. Aún así son carísimos.

La sala estaba llena de viejitos que me miraban feo por comer bombones. No recuerdo si había cortos, pero asumo que sí.

No entendí nada, sobra decirlo.

Pero cómo me gustó.

Unos días después andaba con una amiga colombiana cazando libros para repasar kanji y entramos en una librería que presumía tener material en inglés. Nadie hablaba el idioma (como en todo Japón) pero tenían una copia de Howl’s Moving Castle, misma de la que me aferré para leer. ¿Qué les puedo decir? Es un libro maravilloso, sencillo, se lee como el agua en una misma tarde.

La escritora, Diane Wynne Jones, es maravillosa. Exude libertad. Cada vez que la leo, deseo poder escribir como ella. Tomando en cuenta de que fue alumna de Tolkien, también me gustaría ser ella, pero eso es para otro día.

¿De qué se trata?

En la tierra de Ingaria, donde los cuentos de hadas son más bien reales, hay una chica llamada Sophie. Es la mayor de tres hermanastras, y eso la convence de que su vida va a ser, sin duda alguna, un fracaso: así pasa en los cuentos de hadas. También se considera fea, porque las hermanastras siempre son feas. Así que se dedica a hacer sombreros, profesión suficientemente aburrida para una hermanastra mayor.

Desafortunadamente, los sombreros que hace Sophie tienden a cambiar la vida de los que los usan, y eso no le agrada a la Bruja del Páramo, que no quiere otra hechicera en su territorio (aún si es accidental como Sophie). Así que para eliminar la competencia, visita un día a Sophie y la transforma en una vieja cascarrabiasde unos setenta u ochenta años. Sophie tiene que huir de su casa y busca hospedaje con el mago Howl, de quien se dice que devora corazones de mujeres jóvenes.

"Song", de John Donne.

Mi maestra de Historia Literaria V me pegaría, pero ¿cómo no se va a confundir esto con un hechizo?

¿A qué lleva esto?

A citar a John Donne, primero que nada. Y a Hamlet.

Bueno, primero que nada la lleva a darse cuenta de que eso de “devorar corazones” es en realidad una metáfora: Howl es un guapo chico de veintidos, incapaz de sentar cabeza, que anda por la vida dándole serenatas a cada muchacha que se le cruza en el camino. Sophie, convencida no sólo de que tiene setenta años sino de que es fea, se siente segura de que Howl no se va a interesar en ella.

Mientras tanto, descubre que la magia de Howl nace de un demonio llamado Calcifer que, por el momento, Howl tiene amarrado a la estufa y lo usa para cocinar. Como ser mágico, Calcifer se da cuenta de que Sophie trae encima una maldición y promete liberarla de ella si primero ella lo ayuda a él a escapar del hechizo que lo mantiene atado a Howl.

En el camino hay malentendidos de todo tipo, hermanas que cambian de lugar, hechizos y, principalmente, berrinches por tinte de cabello. Este es un libro divertido antes que cualquier otra cosa: no busca ser profundo ni hablar de temas espinosos, pero logra crear una empatía perfecta con los personajes.

Y tiene lo que para mí es la dosis perfecta de romance: un poco más de un poco. Sophie está convencida de que es vieja y por lo tanto ya no está en edad de esas cosas, y Howl es, literalmente, un hombre sin corazón.

El problema…

…es precisamente lo ligero que es. Sé que no todos disfrutan de eso. No, en este libro no hay mucha angustia por un amor no correspondido, no hay intensos debates acerca del ser y el deber, ni batallas épicas de magia y espada. No hay nadie destinado a matar a nadie, ni hay sacrificios en el nombre de nada.

En términos de fiestas, es un libro que prefiere salir con un par de amigos a platicar, y morirse de la risa mientras cuentan acécdotas de otros tiempos. Es un libro que antes de tener un personaje martir y sufrido prefiere a uno personaje principal tan borracho que cita a Hamlet sin querer, no encuentra las escaleras, y que chilla como niña de secundaria cuando sin querer se pinta el pelo de rosa.

De la película, claramente

Bueno, ¿qué mujer no amaría a un hombre al que le salen plumas y moco?

Pero citan a Donne, muy seguido. A veces lo confunden con hechizos. ¿Quién no lo haría, pa’lo complicado que es ese hombre?

Otro problema nace precisamente de la adaptación que hizo Miyazaki. El problema es que, para ser adaptación, no tiene nada que ver con el libro original. Comparte el nombre y posiblemente la edad de Howl y Sophie, todo lo demás cambia. Michael, el ayudante adolescente de Howl en el libro, se transforma en Markl, un niñito. La bruja del Páramo deja de ser una joven seductora para ser una viejilla rara que da lecciones de la vida y fuma habanos. Y la profesora de Howl, sin que yo entienda por qué demonios, se convierte en la mala de la película.

No, no entiendo a Miyazaki. ¿Para qué adaptar a un libro que vas a cambiar completamente? Ahí donde el libro de Jones es ligero y divertido, la película de Miyazaki es solemne y trata de enseñar a todos que la guerra es mala. Nunca queda claro qué guerra se pelea, contra quién o por qué, pero no le importa a nadie. En fin, no puedo decir que no me guste la película: es realmente bonita, dramática, con excelente animación y música divina. ¿Y las escenas en que se mudan de casa? Uf, qué bien hechas. Y cuando ella viaja al pasado, qué música. Esperen, tengo que mostrarlo:

星を飲んだ少年, el joven que bebió una estrella.

Pero con todo lo que me encanta al película, no se debe leer el libro con ella en mente.

Edición reciente

¿Vale la pena?

Sí, oh sí. Es corto, es delicioso y se puede leer de una patada. El final es abrupto, sí, y un poquito confuso, pero nada complicado. Se lo recomiendo a todo el que guste leer fantasía o literatura juvenil, o todos los que busquen un regalo. Si sólo han visto la película, lean el libro para tener una visión diferente. Tal vez no va a ser un libro que marque a nadie de por vida (o tal vez sí, ya que a mí me marcó bastante) pero es un buen libro, entretenido y misterioso. Todo lo escrito por Diane Wynne Jones resulta así: ligero, divertido, intercomunicado.

Por el momento estoy segura que este libro ya se puede encontrar en español, así que ¿qué esperan?

O les presto mi copia japonesa-en-inglés. Ha pasado a tantas manos ya, en mi afán de obligar a todo mundo a leerlo…

Los cuentos de Terramar de acuerdo a Ghibli

Me acabo de enterar de que finalmente saldrá a  los cines de lugares-que-no-son-Japón la película Gedo Senki, traducido como Las crónicas de Ged, película del afamado Estudio Ghibli basada en las famósas Crónicas de Terramar de Ursula K. Le Guin.

La noticia me sorprendió un poco, porque Gedo Senki salió en 2006 en Japón. ¿Por qué esperar tanto para traerla? No es como si Gibli tuviera que probar que vale la pena el riesgo, no después del éxito de El viaje de Chihiro, Princesa Mononoke, Howl’s Moving Castle y la más reciente Ponyo. Awww, Ponyo! Tan linda!

¿No es preciosa?

Eso sí: el nivel de producción no disminuye, y el arte sigue igual de bello.

Tal vez el problema es que Gedo Senki no fue particularmente bien recibida en Japón. Tampoco fue particularmente mal recibida, pero seamos sinceros: para una película del Estudio Ghibli lo normal es que todo mundo la adore, punto final. Y esto no sucedió con esta adaptación de Los cuentos de Terramar.

La culpa se la echan generalmente al joven Goro Miyazaki, hijo de Hayao Miyazaki. Que no estaba listo para dirigir por cuenta propia. Yo no creo que la capacidad de dirigir tenga que ver con la edad, pero tal vez el mayor problema es que todos esperaban que el hijo fuera igual que el padre, y no sucedió.

En este caso esos es tan bueno como malo. Los cuentos de Terramar no tiene en encanto de las películas de Miyazaki: no hay pequeños animales curiosos y que te hagan desear que haya una versión de plusie para comprarla al salir, tampoco tiene mayor enseñanza de tipo ecológica ni anti-guerra. Sin embargo, posee un ritmo más constante y no sufre del final Miyazaki, también conocido como “ay Dios, llevamos dos horas de película y esto no se acaba. Rápido, final feliz para todos!”

Los cuatro primeros libros

Las cuantro primeras novelas, reunidas en un tomo

Pero el mayor defecto es, sin duda, la mescolanza que hacen de la hermosísima tetralogía de Ursula le Guin – si no la han leído, corran y háganlo ahora. Junto con El Señor de los Anillos y la trilogía de Sus Oscuros Materiales es probablemente una de las series de fantasía que realmente valen la pena.

Pero quien quiera que haya actuado de guionista no supo ver eso. Mezcló personajes de El mago de Terramar, La costa más lejana y Tehanu. ¿Por qué, por qué? Todas las cuestiones que toca Le Guin acerca de la identidad humana, de la construcción de la misma en torno a un nombre, de la conexión del nombre con el Ser, desaparecen por completo. Y obviamente no queda ni gota del increíble feminismo de Tehanu. En vez de eso, el personaje del tercer libro, Arren toma el papel principal (en vez de Ged, que da título a la película) y se convierte en una especie de Cuchulain, con ataques de ira que a la vez recuerdan a la sombra de Ged en el primer libro…

Pero eso es lo que sucede cuando el Estudio Ghibli adapta un libro. Miren nomás lo que sucedió con Howl’s Moving Castle! De una aventura de lo más tranquila, llena de magia, galletas de miel, alusiones a John Donne y borracheras, sacaron una historia confusa como ella sola, románticosa y anti-guerra pus porque así dijo el patrón.

Cuídense, oh escritores. Estudio Gibli no sabe adaptar.

Sin embargo, la película tiene algo maravilloso: pocas animaciones capturan tan bien la sensación de melancolía y depresión como lo hace Gedo Senki. Sus personajes están dispuestos a aceptar la muerte en cualquier momento, constantemente dan la impresión de que no tienen por qué luchar más. Y se sienten solos, completamente solos. Y eso es capturado en el viento que sopla sobre enormes campos de verde, o en el silencio alrededor de una fuente.

Y finalmente, en la música. Si se niegan a ver Las crónicas de Terramar porque no está apegada al libro, háganse un favor y véanla por la música. Es bellísima, una combinación de instrumentos clásicos y gaitas, todo con un deje de melancolía y de aventura.

Esta película no es una película de Hayao Miyazaki. Es de Goro Miyazaki, para bien o para mal. Pero no es una mala película, sólo un poco más estandar de lo que el Estudio Ghibli nos tiene acostumbrados. Sale en cines, al menos en Estados Unidos, el 13 de agosto de este año 2010. Si llega a salir aquí, les recomiendo verla. Y repito: si no han leído la tetralogía de Terramar, háganlo. No es difícil de conseguir en español, y vale muchísimo la pena.

Los dejo con la canción de Therru, que aparece en la película y que a mí me puede encantar. La letra, que está ahí abajito, encarna bastante bien el sentimiento de la película:

Letras y traducción:
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Presentación de “Los doce sellos” en La Raza

¡Hola a todos! Y aquí de nuevo con lo que se está volviendo el post semanal. Cada semana pienso “Ahora sí voy a postear algo más,” pero cada semana se me va como agua y no pongo nada.

En fin.

Como ustedes saben (o como se acaban de enterar al leer el título), hace unas semanas presenté “Los doce sellos” al público de la estación de metro La Raza. Aunque yo estaba hecha un manojo de nervios, tengo que decir que todo salió no bien sino increíble. Hubo mucha gente, muchos libros regalados, y lo mejor de todo es que tengo un libro gigante.

Los doce sellos, XL.

Los doce sellos, XL. (o en folio completo)

Bueno, tal vez eso no sea lo mejor. Pero es increíble de cualquier manera y eso no me lo quita nadie. Tan no me lo quita nadie que me lo traje a mi casa y lo tengo junto al buró.

Para volver al tema original, me temo que en esta ocasión no les puedo poner el texto que leí porque (de nuevo) estaba tan nerviosa que se me olvidó leer lo que había escrito, y en vez de eso hablé y hablé. ¡Y fui coherente, a pesar de eso! Lo sé, lo sé. ¿Quién diría que uno de estos días iba a ser coherente al hablar sin apoyo?

Culpo a las musas. Estoy segura que Clio entró en mí para dar ese discurso… o Thalía, dadas mis babosadas. Bueno, pero basta de chistes de mitología griega. Tengo fotos que mostrarles, después de todo.

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Recomendación: La brújula dorada.

La manera en que oí por primera vez de la trología de “La materia oscura” de Phillip Pullman no fue la mejor.

Lo recuerdo perfecto: fue en el primer coloquio de literatura moderna en la UNAM. Yo participé con una ponencia relacionada a la serie de “Mundo Disco” de Terry Pratchett, acerca de la muerte de la deidad. Muy Nietzscheana, y los que hayan leído “Los doce sellos” se darán cuenta que no, no me canso de hablar de dioses muertos.

El caso viene a que el que expuso después de mí trató “La materia oscura.” Y tristemente no fue una ponencia muy buena… no puedo decir si la mía sí fue buena, pero al menos fue muy corta y entonces no aburrí demasiado a la gente. El problema de esta segunda ponencia fue precisamente que resultó demasiado larga: a los quince minutos de hablar, miré las hojas del ponente y me dí cuenta que todavía le faltaban cinco por leer. Al poco rato ya no entendía yo nada: ¿qué de osos que se ponen qué? ¿Niños con qué demonios, literalmente?

Tal vez por eso me negué por tanto tanto tiempo a leer estos libros.

Craso error.

Los tres libros de “La materia obscura” son un ejemplo perfecto de por qué la “literatura infantil” debe de ser tomada en serio. Son bellísimos, escritos de manera brillante, retoman tanto poetas como temas clásicos y son los únicos libros con los huevos para hablar de sexualidad.

¿Cómo empezar la recomendación? Podría ponerme poética, tanto me gustan.

Por lo mismo les dedicaré tres entregas, una por libro… porque si escribiera de los tres al mismo tiempo jamás terminaría. Empecemos, pues, por “The Golden Compass” (“La brújula dorada” en español).

Empecemos por esto: en un inicio, la trilogía de Pullman puede parecer de fantasía baja, esto es, que acontece todo en nuestro mundo o en uno muy semejante. Esto no es así, pero eso será explicado en las otras entregas.

Lo más diferente entre el mundo que creó Pullman y el nuestro es que todos y cada uno de nosotros está acompañado por un daimon, término griego mal traducido a “demonio” pero que se refiere a un espíritu acompañante. Para Philip Pullman este daimon es en realidad parte de nuestra alma, la mitad que nos completa: en el caso de las mujeres, pues, nuestro daimon será macho, para los hombres es hembra, siempre toma forma de un animal que representa a la persona. En el caso de los niños el daimon cambia de forma constantemente para demostrar lo volubles que son los niños, cuando crecen el daimon se asenta en una forma que demuestre el caracter del adulto.

Este mundo, ligeramente atorado en el siglo diecinueve, también está habitado por brujas y gitanos, y el mayor interés del momento es investigar el Polo Norte…

¿De qué se trata?

¿A que no está linda la imagen?

Portada del primer libro. Divina, ¿no?

“The Golden Compass” narra la historia de Lyra, una huérfana absolutamente salvaje, que vive adoptada en el colegio de Oxford. Cuando digo que es salvaje, por cierto, no quiero decir que sea malencarada o grosera (como aparece en la película), tampoco marimacha o abusiva, sino verdaderamente salvaje. Salvaje para resistir mugre y sangre, para resistir un viaje a través de todo el mundo y para comerse alegremente un riñón de ballena recién muerta. ¡Yum!

Lyra, que va por la vida metiéndose en donde no debe con su daimon Pantalaimon, termina espiándo una conferencia secreta acerca de unas partículas llamadas simplemente “Polvo”, que son lo que causan que los daimon dejen de cambiar de forma.

Eso lleva a que reciba la brújula dorada, o aletiómetro (del griego verdad), un aparato que permite al usuario encontrar la respuesta a cualquier pregunta formulada. Normalmente se necesita de literalmente toda una vida para poder usarlo a medias, pero a Lyra se le dá de forma natural.

Encima de todo, hay una profecía que marca a Lyra como la niña “que traerá el fin del destino,” lo que causa que diferentes bandos se la peleen (sin decirle por qué), principalmente dos: los que la exhortan a elegir lo que ella considere propio a sí mismo y los que la quieren hacer una Señorita.

Ese segundo bando está representado por la muy interesante Miss Coulter, que si bien nos queda claro que es Mala (trabaja para los “Gobblers,” un grupo que secuestra niños para experimentación humana) no podemos odiarla en realidad. Tiene demasiada clase, demasiada elegancia, hace lo que quiere con los políticos más poderosos del momento. Pero quiere hacer de Lyra una Señorita bien portada y propia. Esto está relacionado, claro, a que también está relacionada con una iglesia católica muy ruda y diferente; el Magisterio.

Eso es un esbozo básico, muy muy básico de la trama del primer libro. Me quedo corta, pero no quiero decir de más.

¿A qué lleva esto?

A algo muy complicado, pero increíble.

Pullman tiene una hipótesis en específico que trabaja durante los tres libros, pero que sólo resuleve en el tercero: El amor es lo que nos salva. Sólo el amor, y el amor incluye el romance, incluye la lujuria y el sexo.

Pero el mundo de Pullman, al igual que el nuestro, lo ha olvidado. El Magisterio, una especie de Inquisición, está tan obsesionado con eliminar toda heresía, y todo aquello que nos puede separar de Dios. Por lo mismo, intentan separar a los niños de sus daimons – literalmente cortarles el alma en dos con la esperanza de que así, aún si el cuerpo crece, nunca se desarrolle y nos mantengamos siempre “inocentes” como niños.

Pero Lyra, en su inocente infancia, es mentirosa, salvaje, tramposa y hasta agresiva. Lo que no significa que sea “mala” o incapaz de sentimientos más “suaves.” Gran parte de la historia gira en torno al deseo de Lyra de rescatar a Roger, su mejor amigo en los patios de Oxford, de los Gobblers. No sólo eso, sino que la joven desarrolla también una relación de respeto y afecto mútuo con Iorek Byrnison, el líder caído de los osos polares. Pero aún así resulta un contraste que la representante máxima de la niñez en este libro no es exactamente lo que la iglesia desearía.

A todo esto hay que agregarle que de una u otra manera, Philip Pullman está re-trabajando Paradise Lost (Paraíso perdido) de Milton. El título mismo de la trilogía, “La materia obscura” está relacionado a una línea del primer volumen del poema, si mal no recuerdo…

Ya revisé, es el volumen dos:

“Unless th’ Almighty Maker them ordain
His dark materials to create more Worlds”

(“A menos que el Supremo Creador ordene

Sus oscuros materiales para crear más mundos”)

Por lo mismo, el lector que deseara hacer una lectura más profunda tendría que tener conocimiento no sólo del poemota de Milton sino de todos los temas que trabaja en él… ambición contrapuesto a codicia, el amor como algo divino contrapuesto contra el amor carnal, el pecado original.

Dicen las lenguas que está mal traducido

Portada para la edición en español: nótese la originalidad de poner una escena de la película y ya.

El problema...

…es que, por lo que me cuentan, la traducción al español es realmente mala. No puedo dar una opinión propia: leí toda la trilogía en inglés, primero porque me gusta leer todo lo que puedo en el original, y segundo porque las ediciones que encontré estaban re-lindas.

Pero es triste saber que un libro tan, tan maravilloso, tenga una mala traducción. Habrá que exigir una nueva, pero ahora que ya no van a sacar películas, veo difícil que alguien se interese en pagar una traducción.

Hace dos años diría que yo la hago de a gratis por amor al arte, pero ya no. Empiezo a requerir de dinero propio =P

Por lo demás no hay ningún problema. Es un libro perfecto. El final (que obviamente no voy a contar aquí) puede ser un poco “fuerte” para los lectores más jóvenes. Es inesperado, es maravillosamente cruel… y demuestra una vez más lo ruda que puede se Lyra. Pero como mencioné en mi reseña de “Princess Bride,” creo firmemente que los niños no son los blandengues que Disney desearía que fueran. Sí, en este libro hay temas fuertes: no cabe duda. Pero son temas que los niños mismos van a enfrentar tarde o temprano, ¿por qué no introducirlos a través de un libro tan hermoso como es este?

Por lo demás puede haber la sensación de que empieza un poco lento, pero la prosa en sí es siempre ligera y digerible, puedes pasar página tras página leyendo sin ningún problema..

¿Vale la pena?

Sí, vale mucho la pena. Mucho. Léelo, ya, ahorita, ¿por qué sigues leyendo esto? Lee La brújula dorada. No encuentro razón para no hacerlo: está bien escrito, cargado de controversia, con personajes atrayentes. La traducción no puede ser tan mala como para no leerlo por eso, y el libro en sí vaale mucho mucho la pena.

Recomendadísimo para todos los que no le hayan dado una oportunidad.

Recomendación(¿?): The Princess Bride

He oído acerca de The Princess Bride toda mi vida. Al parecer ha sido publicada en español como “La princesa prometida” (España) y “La princesa y el pirata”

Portada de la edición 1987

No me parece una portada muy atractiva, la verdad...

(Venezuela) pero no sé si haya sido traída jamás a México – al menos yo no lo he visto.

Este libro, publicado en 1973 por William Goldman, fue adaptado a una película en 1987. Me sorprendió mucho ver que el autor era nada menos que el guionista Butch Cassidy and the Sundance Kid, que de hecho ganó el Óscar a mejor guión original por esa película y Stepford Wives (la versión buena, esto es, la que no incluye a Nicole Kidman). Escribió también All the President’s Men y Misery, así que ya ven… pura calidad, dentro de un tipo u otro. Esto obvio generó expectativas muy altas, más aún porque sé que ahora este libro es considerado uno de los grandes clásicos de la literatura juvenil.

Pero eso es tal vez por la película, suele pasar. Y a ciencia cierta, yo lo conocía (y creo que muchos amigos también) por la famosa frase “Hello. My name is Iñigo Montoya and you killed my father. Prepare to die!” (“Me llamo Iñigo Montoya, y tú mataste a mi padre. Prepárate a morir!”)

Sí, esa frase es todo lo que yo conocía de este libro. No sé de dónde. Tal vez sea porque la repiten aproximadamente 84 veces de manera aproximada:

“La princesa prometida,” sin embargo, probó ser una lectura… rara.

¿De qué se trata?

El libro cuenta la historia de Buttercup (botoncito?), la chica más bonita del mundo cuando decide bañarse, la número veinte cuando no se arregla. Ella nació en una granja y se enamora del mozo de caballerías, Westley, que la deja para buscar su fortuna en América y después se muere.

Y antes de que griten “Spoiler!! Spoiler!!”, déjenme decirles… no lo es, y sí lo es. Lo es porque se los estoy contando… no lo es porque el mismo narrador del cuento se pasa contando de antemano todo lo que va a pasar. Sí, todo.

¿Mencionan la posibilidad de que aparezca, no sé, un león? El narrador te afirma en el instante que habrá un león.

¿Hay algún personaje que desees que muera, o que viva? ¡No hay problema! El narrador se encarga de contárte unas veinte páginas antes.

Esto es en realidad un recurso narrativo: Goldman inventó que “La princesa prometida” es en realidad un cuento escrito por un tal S. Morgenstern, un Florinense (sacado de “florín,” una de esas monedas que el Euro se comió) que en realidad quería escribir un Tristam Shandy; una parodia a las costumbres de la nobleza de la época. El resultado, obviamente, fue un libro muuuuy aburrido como Tristam Shandy (perdón!).

Así que Goldman lo abrevió y le dejó sólo lo divertido. Pero no sólo eso: como la primera vez que conoció la historia de Buttercup fue gracias a que su papá se lo leyó (una vez más, esto es ficticio) Goldman tuvo a bien dejar todos los comentarios de su papá entre la lectura.

¿A qué lleva esto?

El libro es divertido, de eso no hay duda. Tiene todo el feel de un cuento para mandar a la cama a los niños, con todo y comentarios chistosillos y acciones que un

Esta portada se ve fancy fancy

DVD de 20 años de aniversario.

adulto no pondría, pero un niño sí. Los personajes son divertidos y muy reconocibles. Los malos son malos sin caer en el estereotípo ñaca-ñaca de malo de caricaturas de los 80, los buenos son buenos babosos, manipulables y sin embaargo atractivos y entrañables.

Tanto los personajes como las situaciones son exéntricos. El gigante Fezzik, por ejemplo, capaz de pelear con ocho hombres al mismo tiempo, tiene como pasatiempo hacer rimas bobas. El espadachín español Iñigo Montoya es dado al brandy, la misma Buttercup es crédula como ella sóla y sin embargo capaz de tomar decisiones que ya quisieran muchas heroínas.

Los locales mismos son perfecos para una novela de aventuras. Entre los acantilados de la locura y el pantano de fuego no falta acción, y también hay sangre y huesos por todos lados, cosa que los niños adoran (y quien diga que no… qué despistado), además de que la narración lleva un ritmo constante y fluído, por lo que sería extraño que alguien se aburriera.

El problema...

…es que, al menos para un lector maduro (y seguro también para los chavitos) las interrupciones del “padre” del autor resultan no sólo molestas sino insultantes en ocasiones. Estas inserciones matan el suspenso, y he aquí un ejemplo inventado…

Supongamos que al principio de la novela tenemos al héroe/heroína encerrado en una cueva de osos rodeado/a por osos que se lo/la quieren comer.

Como lector de literatura infantil/juvenil, al ver que quedan aún unas 150 páginas de lectura, asumimos que el héroe/heroína no va a morirse ahí, comido por osos. Obviamente viven. Si acaso pueden perder una pierna, o una mano, o quedar feos, pero viven. Lo importante ahí es saber como le hacen para vivir.

Y aún así, es sumamente molesto cuando, frente a frente con el oso, la lectura se interrumpe para que el narrador pueda decirte, “No te preocupes, pequeño. No tengas miedo, no. Nadie se va a morir todavía, chiquito, ¿está bien? ¿Sí? ¿Prometes que no te asustas?”

NO NO ME ASUSTO. Déjame leer a mis desgraciados osos y ya. (en la novela no hay osos, pero sí te avisan que no te vayas a asustar…)

Este tipo de situaciones saturan toda la novela, y para mí, arruinaron muchos puntos. Ya sé que Buttercup no va a ser devorada viva por ratones gigantes, no es necesario que me lo digan. ¿Por qué Goldman, que sabe perfectamente que los niños no son idiotas cualquiera, que quieren sangre y violencia tanto como cualquier adulto, no puede respetar que también los niños requieren de suspenso?

¿Vale la pena?

Si estás buscando un buen libro de tipo infantil/juvenil, sí. Si nada más quieres la anécdota, bien puedes hacer como una amiga que dijo que ella hizo y saltarte todas las interrupciones del narrador. No pierdes nada de nada, te lo prometo.

Tomada del blog oficial del libro.

Viccini, Fezzik, Iñigo

Y si por alguna razón estás estudiando técnicas narrativas en literatura fantástica, esto es una minita de oro. No en cualquier lado te encuentras un libro con tres narradores y miles de elipsis narrativas…

En lo particular, este es el libro que le quiero leer a mis hijos para meterlos a dormir. Es perfecto: nombres chuscos, aventuras, Amor Verdadero, sangre, tipos malos, tipos buenos, una princesa… eso sí: las interrupciones que se hagan serán mías o de mis hijos. No de Goldman. No las veo necesarias.

Y ya que estamos en esto, la mejor línea del libro no es “My name is Iñigo Montoya and you killed my father. Prepare to die!”. La mejor línea es,

“I am the QUEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEN!!”

Bitch.

Carteles+Separadores de “Los doce sellos”

Los doce sellos: el separador oficial.

El frente...

reverso con resumen "oficial" que hize en un Vips

...y el reverso. Bonito, ¿no?

Desde principios de este año inició la “campaña” de promoción de mi primera novela, “Los doce sellos” (de la que mis conocidos seguro ya se cansaron de oír hablar). Digo “inició” y no “inicié” porque yo no he hecho mucho: todo se lo debo a amigos; que me han dado tanto apoyo como contactos, familia; que me apoya sin dudarlo, y a mi editor; que fue quien programó la presentación oficial en la Feria de Minería.

Como sea, la mayor parte de esta campaña ha sido gracias a todos los pobladores de RVP Radio, que propusieron la idea de hacer un cartel para poner en el Metro. En esa misma línea, yo pensé en los separadores: mejor manera de acompañar a un libro no hay. Y los dibujos que hizo Diana, además, son tan lindos que vale la pena re-usarlos tanto como sea posible… el pájaro que aparece en el frente del separador, de hecho, es mi favorito y me parece que Diana le atinó perfectamente a la idea que yo describí en el libro.

Quedó lindo, ¿no?

Cartel promocional.

En el poster, por otro lado, se pueden apreciar detalles que yo misma no había visto hasta ahora… los pequeñísimos tonos de azul en las camisas de los chicos y en la pluma roja, los delicados brillos de color en el pelo de las chicas, y obvio el logo secreto que decidimos dejar ahí ;)

Estoy muy, muy satisfecha con la manera en la que quedaron tanto los separadores como el cartel. con un poco de suerte los empezarán a ver pronto en varias estaciones del metro. Échenle un ojo, al menos pa’que vean lo lindo que pinta Diana.