Ultimamente ha habido mucha gente que me pregunta cómo puede hacerle para escribir un libro. Vale, cuando digo “mucha gente” quiero decir tres o cuatro, pero sigue siendo mucha comparado con los que me preguntaban antes de publicar, que era nadie.
El problema es que yo no sé qué decir. No es que crea que la escritura se te dá o no se te dá, pero si no tienes ya una idea o una historia a la que le puedas aplicar la teoría, ¿de qué te va a servir oír de narradores omniscientes o campos semánticos? Incluso cuando ya sabes de qué vas a escribir, puede que la técnica no te sirva de mucho.
A los que me preguntan cómo escribir, les doy las únicas respuestas que se me ocurren… primero que nada, lee. Lee mucho, mucho más de lo que escribes. Lee el género que quieres escribir y después lee de muchas otras cosas. Esa es la única manera que conozco para escribir. Pero aún más importante, persevera.
Escribir no es sólo creatividad. La Musa baja muy de vez en cuando, y no es tan buena onda como te la pintan. De hecho, la Musa se suele emocionar con las ideas más idiotas, y uno tiene que controlarla y pulir todo. ¿Piensas que escribir la parte creativa es difícil? ¡Espérate a la edición!
Y de eso venía a hablar hoy. El proceso de edición.
Érase una vez una joven que soñaba con publicar. Escribió su libro, que le quedó enorme, y se lo llevó a un editor para que lo viera.
El editor le sonrió con sabiduría y le dijo, – Bueno, hay que reescribirlo todo.
¡¿QUE QUÉ?!
Y la joven se dio a editar el manuscrito entero…
Lo que ven arriba es el primer mamotreto (uso esa palabra bien seguido). Era enorme, pero yo estaba super confiada. Seguro eso de “reescribirlo todo” era una exageración, ¿no? Una forma de hablar, ¿no?
Pues no. Con el tiempo me di cuenta que la mejor manera de editar un libro, de mejorarlo, es escribiéndolo de nuevo.
He aquí mi proceso de edición. Inicia con unas marquitas de parte del amable editor…
Y así empecé a editar yo también. Modificaba una que otra oración, ponía un acento que se había pasado…
Estas pocas marcas se transformaron en unas más…
Como pueden ver, ya taché unas líneas, unas palabras y moví oraciones de lugar. Ya es una corrección sustanciosa. Y sin embargo…
Sí, la página entera. ¿Por qué? Tan sencillo como que me dí cuenta que ninguna de las descripciones que hay ahí servían para gran cosa. Sólo alargaban la lectura, y no contribuían con nada. Lo mismo sucedió con muchas otras.
Hasta carita triste, pues, para indicar… ya no sé. ¿Lo triste que fue cortarla? ¿Lo decepcionada que estaba de lo que había escrito?
Editar no es fácil. Se toma tiempo, se toma valor, y más aún, requiere de una distancia crítica con uno mismo. Puede que una escena te encante, pero si lo le sirve al libro… se tiene que ir. Para saber cuál sirve y cuál no te pueden servir lectores, claro, pero no es fácil encontrarlos. De tus amigos, ¿quién está dispuesto a leer El Mamotreto? ¿Quién tiene la capacidad crítica para decirte No, esto apesta? ¿Y quién tiene el valor de decírselo a un amigo, sabiendo lo delicaditos que somos a veces los artistas?
Yo no pude encontrar a nadie así, o tal vez no tuve el valor. Pocos leyeron El Mamotreto: una amiga, que lee bestsellers y me confirmó que mi libro era Leíble y Divertido, mi madre, que me criticó tanto como fue capaz, mi papá, que trabajó de corrector de estilo y no se le va nada, otra amiga, que no me dijo nada y fue muy triste, y mi hermano, que fue un grán crítico. Podría habérselo dado a más, sí. Pero entre el miedo que siempre hay en mostrar algo tan profundamente mío y la desesperación de tener que editar tanto, no busqué.
Me eché mi edición yo solita. Fue una experiencia fenomenal, que me hizo crecer como editora y terminó por divertirme mucho. Pero al principio fue simplemente cansado…

Soy muy estricta conmigo misma. Así que me burlo yo solita de lo melodramático que tenía el primer manuscrito.
Pero conforme me acostumbré a editar, y conforme desarrollé una resistencia más fuerte a mis propias críticas, empezaron a surgir comentarios más constructivos:
Después, empezé a tomar los márgenes y demás para dibujar!

Sí, esta es la sección del blog que deja de ser educativa. ¡Pero puedes ver lo que pienso de los clientes de los cafés!
Finalmente, las anotaciones quedan también como tributo a la música que estaba oyendo entonces.
Y, por qué no, anotaciones en japonés.
Y muchos más. De hecho, tiene que haber más Beatles y M.I.A por ahí, pero no voy a ojear laas 335 páginas. Por el momento, permítanme cerrar con una comparación: el manuscrito a la izquierda es el tamaño del que quedó después de editar todo. ¿Notan la diferencia? Porque yo sí que la noté. Es enorme, y no sólo en tamaño, también en calidad.
Así que, a todos los que sueñen con escribir y publicar y por alguna razón caigan por aquí, he ahí mi proceso. Es un poco más zarrapastroso de lo normal, y seguro hay gente que lo hace más limpio. Pero yo soy más divertida que ellos. Vamos, sólo yo pinto urracas.
Y por cierto, si tuviera oportunidad, editaría aún más el libro. Ha pasado casi un año de que se publicó y ya le encuentro cosas que podría mejorar. Es lo bonito de escribir: nunca, nunca dejas de crecer.
























1 respuestas a “Cómo editar un libro”
Eduardo Mórlan
1/10/10 a las 09:42
Referente a la crítica u opinión de otras personas: es recomendable leer la 1a. epístola de CARTAS A UN JOVEN POETA de Rainer Maria Rilke en que recibe de Franz Xaver Kapus sus manuscritos poéticos. Creo que a fin de cuentas se nos pueden dar guías en la técnica literaria, pero no en cuanto a nuestra expresión ni en los sentimientos. Y hay que reconocer que los editores muchas veces fallan en sus veredictos: dejan pasar una obra maestra simplemente por cuestión de gusto.
Además, la idea de la musa estaba bien para romantizar al estilo griego y buscar hacerse un monumento a lo insuperable de la inspiración. En realidad dicen los anglosajones que “Poetry is 10% inspiration and 90% perspiration”. Los temas abundan: simplemente hay que aguzar la percepción y desarrollarlos.
La cuestión es vencer el miedo y dar el salto al vacío. Creo que todos tenemos algo qué decir, la cuestión es COMO decirlo. Tener una metodología: uno no debe iniciar sin una idea definida de lo que quiere hacer. Igualmente, ser sistemátic@ y disciplinad@. Se debe establecer una rutina para escribir sin que sea asfixiante: lo principal es tener compromiso con lo que se hace. ¿Realmente se te va la vida si no plasmas tus pensamientos? En tal caso, hay que arrojarse con total entrega.
Los “cocos” de los mexicanos en cuanto a escribir se llaman GRAMATICA, PUNTUACION y ORTOGRAFIA. Hay que pulir la técnica de manera de comunicar ideas claras.
Siempre he dicho que escribir o es facilísimo o imposible. Para hacerlo fácil, fijémonos normas y obedezcamos a la constancia, algo que para el mexicano es difícil, pues todo lo empezamos y nada terminamos.
Saludos y gusto en volver a leer algo tuyo. Mis mejores deseos,
Eduardo Mórlan.